Indicios de un Habitar ð“…ª

La propuesta busca ofrecer alimento a algunas de las especies animales que habitan este territorio. La intención de realizar este gesto pensando en animales no humanos surge del interés por reconocer que son ellos quienes habitan este lugar y tejen diversas relaciones, de las cuales nosotras podemos ser espectadoras.

Por tanto, el acto de caminar y disponer los sentidos, entre ellos la escucha y la observación, es una forma de aproximarnos a las presencias y ausencias del paisaje, lo que evidencia su dinamismo.

Si bien vimos directamente algunos animales, de otros sólo percibimos sus huellas. Por ejemplo, las arañas recorrían los pastizales y también dejaban sus rastros en los arbustos; las marcas de los curies en los troncos de los yarumos y en los senderos eran indicios de su existencia, aunque no los hayamos visto; asimismo, algunos pájaros (alcaraván, halcón maromero, colibríes y otras aves que no reconocimos) e insectos (abejorros, abejas, moscas, mariquitas) se manifestaban en el lugar a través del sonido o captamos su presencia mediante el avistamiento. La reconstrucción de estos acontecimientos no dependió únicamente de nuestros sentidos, sino también de las experiencias y los relatos de otras personas que han recorrido este espacio. Este es el caso de algunos de los trabajadores del Jardín Botánico, quienes han visto patos, mirlas, loros, pericos y búhos, estos últimos encontrados en sus nidos.

Por otra parte, los alimentos que observamos en nuestros recorridos fueron: moras silvestres, uchuvas, curubas, espino garbanzo y garrocho, que se encuentran en distintos lugares de la Hacienda. La identificación de estos frutos fue importante para decidir qué íbamos a ofrecer a los animales, ya que, al tratarse de un entorno silvestre, lo ideal sería darles alimento que se produjera allí mismo con la intención de evitar que nuestra acción tuviera un impacto negativo en la salud de los mismos. El acercamiento a los frutos locales fue significativo, puesto que partió de un ejercicio de reconocimiento del espacio, más allá de las zanjas y los camellones que visitábamos con frecuencia y donde realizamos una jornada de siembra. Fue precisamente en un recorrido grupal donde nos animamos a probar las uchuvas y curubas que encontramos en el camino; de esta forma, a parte de la conexión visual y sonora con el paisaje, ahora, lo estábamos reconociendo desde el sentido del gusto. Otro de los alimentos que crecen en la Hacienda y que podríamos ofrecer a los animales es la calabaza; sin embargo, en las visitas que hemos realizado no la hemos encontrado.